Cáspita!

¡Cáspita!

POR QUE NO PUEDO IR CON TERESA A LA PISCINA TOCADO CON UN GORRO DE BAÑO EN LA CABEZA

Borges decía que la cópula y los espejos únicamente sirven para prodigar un error. Es decir, reproducirse y reflejarse es la misma operación que multiplica innecesariamente una equivocación. Ponerse un gorro de baño, me parece, sólo contribuye a deturpar ese error. Apenas sirve para afear lo que Borges no quería ni duplicar. Y me pregunto –aunque yo no me crea un error sino tan sólo un leve acierto– ¿para qué incidir en la entropía estética general añadiendo un gorrito de plástico a ese caos estético que llamamos España?. Que el feísmo no pase del umbral de las fachadas. Tocarme con un gorro de baño, sinceramente, no juega en ningún momento a mi favor. La verdad es que creo que no beneficia a nadie. Bueno, quizás sí, a Michael Phelps; pero nunca a sus orejas. (En cualquier beneficio siempre podemos encontrar un perjudicado, o dos).


La manía de taparse la cabeza en la piscina, nace del universal terror atávico de encontrarse un pelo en cualquier sitio. Realmente de ahí viene todo: del horror inexplicable de toparse en cualquier momento con un pelo, tan seguro de sí mismo que da miedo, tan arrogante en su banalidad que parece que nos habla y que insulta a nuestra categoría de ser humano. Un pelo improvisado siempre cuestiona la condición misma y profunda de nuestra construida humanidad. Nos hace dudar del convencimiento íntimo de que somos hombres, por encima de cualquier otro animal. Un pelo es más interrogativo que la forma que sus rizos insinúan. Y si es rizo, lo sabemos, todo se complica. Supongamos que todo va bien, que el día no nos ha deparado ninguna preocupación; pero de repente en el sitio más inesperado y más inocuo se nos aparece un pelo, con toda su inocente desfachatez, ¿podemos decir que ese día ha sido perfecto? ¿podemos negar, tan siquiera, que algo perverso aún leve, como una sombra inadvertida, ha perturbado nuestra tranquilidad? No podremos ni decirlo ni negarlo. Un pelo, con su simplicidad arrogante, con su sinuosa predicación de lo sencillo, tan desquiciante, estropea absolutamente la felicidad cotidiana y doméstica de cualquier alma tranquila, y de toda inalterable y regia criatura occidental y civilizada.

Este terror indómito es el que nos hace llevar gorros de baño, no lo dudemos. Un afán por domesticar el instinto que nos puede llevar a la sospecha de lo que realmente somos, eso nos impele a actuar como seres civilizados. Que miedo nos damos a nosotros mismos. Lo civilizado, actuando contra lo instintivo, realmente funciona contra lo humano. Un pelo, fuera del cuero cabelludo, es algo inquietante para cualquier hombre que se tiene por civilizado, pero es, el hecho de tener que taparse con un gorrito de goma, con el fin de alejarse de esa sensación de animalidad, lo realmente animal, lo indudablemente bárbaro.

Pero para mí es, únicamente, antiestético. Nosotros, los que anteponemos lo estético a lo práctico, preferimos la beligerancia de encontrarnos con un pelo en la piscina, que llevar un gorro de baño. Es cuestión de buen gusto.

Teresa me mira algo escéptica y yo le digo: hay una solución, me puedo rapar la cabeza. Da igual, te lo tienes que poner por norma. Ah, entonces lo feo se está imponiendo por norma, sin ningún otro argumento. Entonces soy yo el que se queda sin argumentos.



En fin Teresa, lo reconozco, y tú ya lo sabías; todo esto que te cuento no es más que retórica que se consume en sí misma; perifollo que se intenta adornar con arrogante literatura, con el fin de esconder la incuestionable realidad que tú y yo ya sabíamos desde el principio:

Nunca me verán ustedes ataviado con un gorro de plástico arropando mi confusa cabecita.






Como ponerse un gorro de baño sin el menor esfuerzo.

...










Para indagar más sobre mi fijación con los gorros de baño mirar: IMPERMEABILIS JESUS

2 comentarios:

Be dijo...

Me gusta, me gusta mucho :)
Y aún me hace más gracia la idea de la cantidad de veces que lo tengo pensado.

Teresa Elvira dijo...

Qué bueno, me gusta tu estilo (literario -lo aclaro porque como también hablas de estética-.
A pesar de ello yo seguiré portando gorrito, pues antepongo el placer de descansar mi cuerpo sobre el agua a lo estético.

Mi Bici

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Bicicleta anarco-fascista, estupendo aparato para pensar.
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