Cáspita!

¡Cáspita!

El Universo visto como una máquina de Rube Goldberg (cuesta arriba).

Aristóteles dio el primer empujoncito cuando escribió en el libro XII de su metafísica sobre la idea de un Primer Motor. Galileo tiró la siguiente pieza, movió el siguiente engranaje que convertiría al Universo en un evento mecanicista, el inmenso mecanismo preciso que reducía nuestra libertad a una apariencia, nuestra conducta a un determinismo de ruedas dentadas. Newton lo pasó a limpio.
Pero resulta que me viene la sospecha de que el Universo, aún siendo un artilugio gigantesco, articulado de pequeños átomos como resortes, no es ese mecanismo preciso y ajustado, el reloj sin relojero, sino una estrambótica, compleja y rebuscada máquina de Rube Goldberg.

Lo que pasa con el Universo, es que por mucho que descorramos todas las cortinillas (velo de Isis, tupido velo, malla de Brahma, incertidumbre cuántica...) nunca aparecen los créditos.

Mi Bici

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Bicicleta anarco-fascista, estupendo aparato para pensar.
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